Dios padre
En mi casa teníamos un cinturón pendiendo de un clavo
como en otras casas la gente tiene crucifijos
en la sala
en la pared donde fuese más visible
donde lo viésemos al entrar
al salir
al cambiar de habitación
Dios era inolvidable e inconfundible
siempre presente
siempre severo
siempre colérico
vengativo
castigador
No hay quien desconozca la represalia divina
la bala negra de cuero
azotes en su carne
estallidos de incendio
escozor en la piel
crujiendo
resquebrajándose
deshaciéndose con lentitud
Gabriel Isaí Martínez
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